Ventanas rotas, pequeñas transgresiones y accesibilidad

Escribe Arq. Nicolás Li Calzi,
Especialista en Calidad Unit-Iso 9000

El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor.
Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino.

¿Qué puede tener en común un auto, una ventana rota, el metro de Nueva York en la década de los 80’, y la actual realidad de la accesibilidad al medio físico en el Uruguay?

Para tratar de aclarar este asunto comenzaré remontándome al año 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), donde el Prof. Phillip Zimbardo realizó un experimento de psicología social.

Dicho profesional dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, de la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces, la zona más pobre y problemática de Nueva York, y el otro, en Palo Alto, California, la zona más rica y tranquila de Estados Unidos. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con realidades muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada lugar.

Como primer resultado, el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser víctima del vandalismo en pocas horas. Perdió las ruedas, el motor, los espejos, la radio. En una palabra, todo lo que podía ser aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Es común atribuir a la pobreza, a la segregación social y cultural,  las causas del delito. Atribución en la que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras, (de derecha y de izquierda). Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí.

Cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores fueron más allá y rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto.

El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales.

Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de decadencia y despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas. Un vale todo.

En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron la “teoría de las ventanas rotas”. Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito.

Si se cometen “pequeñas faltas” (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.

¿Y si lo miramos a diario desde la óptica de la accesibilidad al medio físico, no somos capaces de encontrar muchas similitudes?

La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el metro de Nueva York, el cual se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad.

Se comenzó combatiendo las pequeñas transgresiones: grafitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño, actuando en la falta menor, se logró hacer del metro un lugar seguro y apropiable por todos.

Posteriormente, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del metro, impulsó una política de “tolerancia cero”. La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana. La expresión “tolerancia cero” suena a una especie de solución autoritaria y represiva, pero su concepto principal es la prevención y promoción de condiciones sociales de seguridad.

No es tolerancia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo.

Crear comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana.

Si queremos que se comience a pensar de manera inclusiva, que las concreciones físicas cumplan con los parámetros adecuados a un uso adecuado por la mayor cantidad de personas de manera segura y cuya estética también forme parte compositiva del paisaje urbano, debemos comenzar a actuar en las pequeñas trasgresiones. En las nuevas como en las adecuaciones de lo existente.

No alcanza con el marco legal y reglamentario escrito. Debemos exigir que el mismo se cumpla, y de manera conforme a lo estipulado.

La ley 18.651 establece las pautas a considerar a nivel nacional para un mejor desenvolvimiento de las personas con discapacidad. Y si a ellas beneficia, también lo hará con nuestro abuelos, con nuestros “adultos mayores”, destino que todos tenemos marcado en nuestra frente si tenemos la suerte de llegar.

Debemos pensar en la teoría de las ventanas rotas a nivel nacional. No en 19 realidad particulares.

El problema es uno.

El búsqueda de la solución es de todos y para todos.

Fuente de la teoría de las ventanas rotas:
Jaume Guinot, http://adaip.blogspot.com

Artículo publicado:

Boletín de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay

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